por Jason C. Dukes
Detesto el correo chatarra. No hace otra cosa que llenar mi carpeta de reciclaje o el cesto de basura. No me sirve de nada. No puedo aguantarlo. ¿Tengo en realidad que decirle cómo me siento?
Tristemente, encuentro a muchos que en realidad se sienten tal como yo me siento en cuanto a correo chatarra. En la metáfora de correo electrónico, se consideran a sí mismos arrinconados en la carpeta de correo electrónico chatarra, para nunca más volver a ser recibidos. Para mí esto es muy triste; aunque, no es sorpresa que algunos se sientan así. Cuando el egoísmo de nuestro mundo se inscribe a sí mismo en nuestras vidas mediante degradación, vergüenza, y una competencia de ganar a toda costa, y una falta de un compromiso a largo plazo, leal, y mucho más, con razón las personas se sienten como chatarra: sin esperanza y sin propósito. Todos hemos recibido el porrazo de la decisión absorbida en sí mismo de otra persona. Jesús dijo que el maligno anda buscando como arrebatarnos la vida de cualquier manera que pueda (Juan 10:10).
En realidad todos queremos ser amados, como lo dice alguna canción, y verdaderamente todos queremos simplemente un poco de R-E-S-P-E-T-O. Es más, basado en lo que Dios declaró primero que “no es bueno,” opino que sentirse solo es el temor básico para todos nosotros. No queremos estar solos. Queremos saber que somos amados.
Esto debe ser otro componente del caos que surgió en el huerto del Edén. Antes de que comieran del fruto del árbol de sabelotodo, Adán y Eva caminaban en la plenitud de Aquel que Juan dijo que “es amor.” Deben haber sabido que eran amados; y con todo comieron del fruto, pensando que sabían mejor, y más tarde deseando no saber tanto como llegaron a saber cuando comieron del fruto sabelotodo.
¿Qué peregrina cosa estoy diciendo? Que aunque es integral en nosotros una consciencia de un Dios que nos hizo y nos ama, aprendemos a no amar, y a no confiar, y a no respetar debido a las maneras en que nos tratamos unos a otros desde el mismo huerto del Edén.
Probablemente usted ha oído el dicho: “Sé que soy alguien, porque Dios no hace ninguna chatarra.” Estoy seguro que los fanáticos de la gramática harán su agosto con eso; pero si uno mira más allá del doble negativo, halla un principio fundamental para vivir como enviado. Amamos porque somos amados. Podemos ser una carta para otros, llevándoles el mensaje de que ellos no son chatarra, porque confiamos en que nosotros tampoco somos chatarra.
de Cartas vivas, por Jason C. Dukes
Jason C. Dukes es estudiante, soñador y profesor. Originario de Nueva Orleans, Luisiana, en estos últimos años Jason se ha hallado en una jornada asombrosa al iniciar la iglesia Westpoint en el área de Orlando, Florida.










